miércoles, 19 de abril de 2017

El Fuego de la memoria.

Observo los árboles que vamos dejando atrás mientras mi padre acelera el coche para conseguir pasar el semáforo. No presto atención a sus comentarios sobre lo que supuestamente tengo que hacer una vez que lleguemos a casa, al igual que tampoco estoy concentrada en el ruidito que hace el móvil de mi hermano cada vez que le llega un nuevo mensaje, o en los maullidos de mi gata que está cansada después de tanto viajar. Estoy inmersa en mis pensamientos cuando, de repente, en la radio comienza a sonar una de mis canciones favoritas. 


Poco a poco, el coche comienza a desaparecer ante mis ojos, y pronto me encuentro entre un montón de gente con ilusión en los ojos. Todos miran fijamente el escenario, el trailer ha terminado hace poco y las luces menguan mientras los primeros acordes comienzan a sonar. En el momento en el que los veo, mis ojos se humedecen y comienzo a cantar. La piel se me eriza mientras muevo la cabeza al ritmo de la música, y el pulso se me acelera al darme cuenta de que estoy cumpliendo uno de mis sueños. Doy comienzo a un movimiento de caderas suave, mientras saco el móvil para...


- Alba, ¿puedes escucharme de una vez? 

Y tal como me he ido, vuelvo a la realidad gracias al reproche de mi padre. Ya no queda nada de aquella tarde de verano, solo un escalofrío que me recorre de pies a cabeza y una memoria que juro no olvidar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario